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PERDONA NUESTROS PECADOS
Jorge Majfud
Jorge Majfud (1969).
Graduado arquitecto de la Universidad de la República del Uruguay, fue profesor de diseño y matemáticas en distintas instituciones de su país y en el exterior.
En el 2003 abandonó sus profesiones anteriores para dedicarse exclusivamente a la escritura y a la investigación.
En la actualidad enseña Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos.
Ha publicado Hacia qué patrias del silencio (novela, 1996), Crítica de la pasión pura (ensayos 1998), La reina de América (novela. 2001), La narración de lo invisible (ensayos, 2006), Perdona nuestros pecados (cuentos, 2007). Es colaborador de La República, El País, La Vanguardia, Monthly Review, Political Affaires, Rebelion, Resource Center of The Americas, Revista Iberoamericana, Tiempos del Mundo, Jornada, Milenio, Página/12, etc.
Es miembro del Comité Científico de la revista Araucaria de España. Ha colaborado en la redacción de diferentes enciclopedias. Sus ensayos y artículos han sido traducidas al inglés, francés, portugués y alemán. Ha sido expositor invitado en varios países.
En 2001 fue finalista del Premio Casa de las Américas, Cuba, por la novela La reina de América.
Ha obtenido recientemente el Premio Excellence in Research Award in Humanities & Letters, UGA, Estados Unidos, 2006.
Perdona nuestros pecados
AG Ediciones, Uruguay / ISBN: 9789974628342
Editor: Luis Marcelo Pérez
Pintura de tapa perteneciente al artista cubano José Luis Lorenzo
En este libro, el autor retrata diferentes momentos de la vida y de tiempo que le tocó vivir. Como él prefiere definirlo, el mundo puede ser caótico, pero el escritor que entrega al público esos momentos, debe creer en ellos, aún sabiendo que puede equivocarse.
Los personajes de Majfud transitan por lugares exóticos y fantásticos, buscando certezas que nunca encuentran, mientras la enajenación, la discriminación, los sueños, los empujan a pesadillas que nunca se extinguen.
Su prosa ceñida y reflexiva, sin embargo minuciosa en la descripción de ambientes y sensaciones, transmite la oscuridad de un tiempo que impone la reflexión de ideas y sentimientos.
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE IDIOTA
Hace unos días un señor me recomendaba leer un nuevo libro sobre la idiotez. Creo que se llamaba El regreso del idiota, Regresa el idiota, o algo así. Le dije que había leído un libro semejante hace diez años, titulado Manual del perfecto idiota latinoamericano.
-Qué le pareció? -me preguntó el hombre entrecerrando los ojos, como escrutando mi reacción, como midiendo el tiempo que tardaba en responder.
Siempre me tomo unos segundos para responder. Me gusta también observar las cosas que me rodean, tomar saludable distancia, manejar la tentación de ejercer mi libertad y, amablemente, irme al carajo.
-¿Qué me pareció? Divertido. Un famoso escritor que usa los puños contra sus colegas como principal arma dialéctica cuando los tiene a su alcance, dijo que era un libro con mucho humor, edificante…
Yo no diría tanto. Divertido es suficiente. Claro que hay mejores.
-Sí, ese fue el padre de uno de los autores, el Nóbel Vargas Llosa.
-Mario, todavía se llama Mario.
-Bueno, pero ¿qué le pareció el libro? -insistió con ansiedad.
Tal vez no le importaba mi opinión sino la suya.
-Alguien me hizo la misma pregunta hace diez años -recordé-.
Me pareció que merecía ser un best seller.
-Eso, es lo que yo decía. Y lo fue, lo fue; efectivamente, fue un best seller.
Usted se dio cuenta bien rápido, como yo.
-No era tan difícil. En primer lugar, estaba escrito por especialistas en el tema.
-Sin duda -interrumpió, con contagioso entusiasmo.
-¿Quiénes más indicados para escribir sobre la idiotez, si no?
Segundo, los autores son acérrimos defensores del mercado, por sobre cualquier otra cosa.
Vendo, consumo, ergo soy. ¿Qué otro mérito pueden tener sino convertir un libro en un éxito de ventas?
Si fuese un excelente libro con pocas ventas sería una contradicción. Supongo que para la editorial tampoco es una contradicción que se hayan vendido tantos libros en el Continente Idiota, no?
En los países inteligentes y exitosos no tuvo la misma recepción.
Por alguna razón el hombre de la corbata roja advirtió algunas dudas de mi parte sobre las virtudes de sus libros preferidos. Eso significaba, para él, una declaración de guerra o algo por el estilo.
Hice un amague amistoso para despedirme, pero no permitió que apoyara mi mano sobre su hombro.
-Usted debe ser de esos que defiende esas ideas idiotas de las que hablan estos libros. Es increíble que un hombre culto y educado como usted sostenga esas estupideces.
-¿Será que estudiar e investigar demasiado hacen mal? -pregunté.
-No, estudiar no hace mal, claro que no. El problema es que usted está separado de la realidad, no sabe lo que es vivir como obrero de la construcción o gerente de empresa, como nosotros.
-Sin embargo hay obreros de la construcción y gerentes de empresas que piensan radicalmente diferente a usted.
¿No será que hay otro factor? Es decir, por ejemplo, ¿no será que aquellos que tienen ideas como las suyas son más inteligentes?
-Ah, sí, eso debe ser…
Su euforia había alcanzado el climax. Iba a dejarlo con esa pequeña vanidad, pero no me contuve. Pensé en voz alta:
-No deja de ser extraño. La gente inteligente no necesita de idiotas como yo para darse cuenta de esas cosas tan obvias, no?
-Negativo, señor, negativo.
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