UNA VIDA EN VIAJE
Carlos Arboleda arboleda

Carlos Aníbal Arboleda Martínez, nacido en Arequipa, Perú en el año 1944, llegado con cinco años al Uruguay. 
Desde entonces radica en el país.
Jubilado como Ayudante de Arquitecto, su pasión por las letras es de larga data.
Conduce un programa de radio llamado "Identidad" desde el año 2002, difundiendo la mejor música de nuestro continente.
Invitado en el año 2003 a Ecuador a un Encuentro de Escritores Latinoamericanos en la provincia de Manabí.
Invitación que se extendió a este año, no pudiendo concurrir.
El libro "Una Vida en Viaje” es una crónica del primer viaje a ese evento, por tierra, recorriendo 17.000 km. por toda la costa del Pacifico.

Contactos:
pozahonda4@yahoo.com.ar

 

El vendedor de biblias

Viajera peninsular
como te has aplatanado,
que sinsonte enamorado
te dio cita en el palmar
EL CUCALAMBÉ

Llegaron en un bote de correos a la pequeña isla y como su propia religión lo indicaba, aceptaron el favor con la resignación de su acostumbrada labor.

El se llamaba “Jonás” y como un místico pescador de almas recorría las costas de las islas con un portafolio que contenía lo mejor de la palabra de Dios, las “Buenas nuevas” y un enorme paquete de Biblias que su congregación le enviaba esporádicamente.

Ella, al igual que su esposo, vestía modestamente, su pelo rubio sobresalía de su rostro como el dulce marco de unos ojos celeste cielo.
Se llamaba “Anna”.

Ambos se conocieron en las Clases Dominicales de su lejano pueblo de Ohio en los Estados Unidos y partieron luego del modesto casamiento a recuperar las vidas espirituales de sus semejantes en esas lejanas tierras del Caribe...

-La venida del Sr. esta próxima y es necesario que lo acepten en su corazón-

-En su corazón, si señor- repetía ella

Y acto seguido sacaban del portafolio las revistas con comentarios del inminente acontecimiento y las biblias relucientes encuadernadas en cuero negro.

-- Es necesaria la lectura de la palabra de Dios diariamente y para ello les traemos esta versión del Nuevo Testamento que les dejaremos por unos modestos 150 pesos que podrán pagar en seis cuotas --

Recitaba el.

- Además les regalaremos estas revistas que ilustran los gratos acontecimientos  de la venida del señor –

Agregaba ella como eficiente motivo de entusiasmo.

La isla era muy pobre y en el puñado de habitantes sobresalían como un despropósito esa pareja de Rubios personajes cubiertos de negros ropajes en el calor sofocante del verano.

Durante un tiempo se fueron acostumbrando a los hábitos del medio y como gran concesión accedieron a vestirse mas cómodamente: el con un pantalón, negro por supuesto, zapatos de cuero de igual color y una camisa blanca con sus botones prendidos hasta el cuello.

Ella llevaba un vestido de corte enterizo y largo con botones que cubrían el cuello en su totalidad. Entre los dos cargaban el negro portafolios. A pie recorrían las calles golpeando puertas con su incansable predica.

Una tarde en que el calor se hacia insoportable llegaron a la casa de Mercedes, una enorme mujerona que en su juventud supo ser el sueño imperdonable de mas de un pescador y que tenia la costumbre de festejar todo acontecimiento por mínimo que fuera.

Le causo gracia la letanía recitada por los visitantes y como una contrapropuesta los invito a pasar a su ranchito donde inmediatamente aparecieron los jarros de refrescante bebida que amistosamente aceptaron Jonás y Anna.

La charla se perdió entre una amable discusión y las risotadas alegres de la anfitriona.
Al retirarse dejaron en manos de Mercedes un manojo de folletos y revistas con la promesa, de Anna, de volver para seguir la charla otra tarde.

Y otro día,  Anna regreso a la choza de Mercedes...

Como estaba algo nublado accedió a compartir una taza de café con unas gotas de ron, otras amigas de la dueña de casa trajeron algo para comer y la tarde fue larga y amable.

Poco a poco la amistad se fue extendiendo. En nuevas reuniones Anna fue conociendo otras amigas... y amigos... y en una fiesta, cumpleaños de la dueña de casa, le fue presentado el primo Miguel, un muchacho robusto y con rasgos por demás atractivos.

El diablo metió la cola y la rubia catequista se perdió en un romance incomprensible.

“Si los amores eternos mueren al amanecer, No despierto con el día, con la noche desperté”...

El marido tuvo que tomar cartas en el asunto y como por milagro recupero a la “perdida”. Con medidas de fuerza coloco a la rubia en otro bote de correos rumbo a su patria.

Anna, a los gritos, se despidió de la isla agitando un florido pañuelo que junto con su falda batía al aire, salado del mar...

Pasado el trance Jonás, con otros pescadores empezó un itinerario de reuniones en que la música y los tragos fueron los invitados principales.

Al cabo de un tiempo los vecinos se fueron acostumbrando a la risa fácil de Jonás que como un niño corría por la playa recogiendo amarras y redes de pesca.

Y fue costumbre ver al nuevo pescador rubio,  con una larga barba y piel tostada semejando un criollo “Poseidón”...

Salir de las verdes y calidas aguas con un pez en la mano...

 

 

 


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